Empezando a tropezar

La luz del comedor iluminaba levemente la habitación, no podía dormir, tenía apenas 10 años y cambié de postura para ver el pasillo. Quizás vi a mi padre, no lo sé, pero si sé que me vino a la cabeza que un día él moriría y empecé a imaginar ese día. Me sentí desdichado, empecé a llorar a lágrima viva, por entonces era la persona que más respetaba y quería. Me dormí y con el sueño, desapareció el sentimiento más puro que he tenido jamás.

El día que murió mi padre no fué como imaginó mi niñez, apenas hubo lágrimas por mi parte y no porque ese hombre no se las mereciera.